Nunca super amar, de hecho aún no lo se, pero tuve el coraje de hacerlo cuándo sabía que tarde o temprano esto acabaría, que me dejarías. Te empeñaste en negarlo, diciendo que eso nunca pasaría. "Nunca", "Siempre" palabras que difícilmente hayan una manera de lidiar con la realidad, palabras que siempre te escuche decir.
Prometí no creerte, ya que sabía que mentías, pero fallé, caí en tu juego y te creí.
Por un momento pensé que el final era lejano a ambos, que no lo encontraríamos, que eramos el uno para el otro, que a pesar de nuestras diferencias sería perfecto. Por un momento llegue a creer que de verdad me querías y estarias ahi para mi.
Te creí, por idiota te creí...
Olvidandome de bloquear promesas y así no cumpliendo las propias. Te creí porque por un momento pensé que era real, que no era una locura que estuvieras sintiendo lo mismo que yo. Te creí todos tus juramentos, pero sobre todo en donde juraste jamás dejarme, cuando juraste estar enamorado.
Te creí porque cuando te miraba a los ojos era capaz de cualquier cosa, creí tantas cosas de vos hasta cuando me dijiste que sentias miedo por perderme.
Te creí, pero muy dentro de mi siempre supe que me dejarias.
Pero te creí, ¿y sabes por qué? porque eso me pediste desde el inicio, que te crea.
Cuando sentía que mi mundo se caia, sabia que estabas tú para reconstruirlo, y eso fue lo que me hizo confiar siempre en ti.
Pero mas que nada confié porque lo creí necesario para que esto funcionara, porque no queria estar sin ti.
Te llevaste todo lo que pudimos ser, te llevaste las promesas dejándome un sabor amargo, dejándome todo lo que un día fuimos y el tormento de lo que no llegamos a ser.
Tenías dos caras completamente distintas, y la otra cara de la moneda la conocí cuando te fuiste.
Y a pesar de todo el dolor, creeme que fui feliz. Y aunque tal vez mentías, te creí y me robaste risas, y regalaste dudas, y te llevaste penas, pero me diste a cambio decepciones. Y fui feliz porque descubri aquello que no conocia de mi, aprendí a querer, a esperar y a "olvidar".
Nunca supe amar, es cierto, pero me enseñaste a hacerlo y gracias a ti aprendí que todo pasa, que sin final no hay historia por contar, que cada detalle en el día a día se debe valorar, que todos los aciertos y más aún los errores, valen la pena. Supe esperar y por ti no me arrepiento de nada, pero la vida no aprendió a parar, no te avisa, sigue y yo esta vez quiero acompañarla. No me arrepiento, es cierto, pero cuando algo se acaba ya no se vive, solo se recuerda y para eso estoy hoy acá... para cerrar este capítulo contigo, y empezar uno nuevo sin ti.
Ya no hay rencores, si es que alguna vez los hubo. Ya no me importa no haber significado lo mismo, ahora solo me basta con saber que fuiste el inicio de mi felicidad, pero no el único motivo. Habrán más, algunas veces se irán y otras seré yo la que se vaya, total, ese es el objetivo de la vida, ¿no? aprender y enseñar. Hice lo que pude y aunque no fue suficiente, para mi bastó.
Gracias por ser lo que fuiste, por aparentar lo que no, y por enseñarme a ver lo perfecto en la imperfección.
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